El Doríforo

 El Doríforo es una escultura de punto redondo hecha por Policleto de Argos alrededor del año 450 a.C, durante el período clásico griego. El original fue creado en bronce con la técnica de la cera perdida, aunque hoy solo se conservan copias romanas en mármol, como la famosa ubicada en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Esta obra se convirtió en uno de los grandes ejemplos del ideal de belleza y proporción en la Antigüedad. 

La figura representa a un joven atleta desnudo que tiene una lanza, símbolo más deportivo que bélico. Mide algo más de dos metros y está pensada para ser vista desde todos los lados, lo que muestra su carácter tridimensional. El cuerpo está en la posición llamada contrapposto (una pierna sostiene el peso y la otra está relajada, igual que los brazos). Gracias a esto, la escultura muestra un equilibrio muy logrado entre movimiento y tranquilidad, rompiendo con la rigidez que tenían las obras de épocas anteriores.

El cuerpo está representado de forma realista, con los músculos marcados , lo que da sensación de naturalidad. El rostro, sereno y sin expresión, refleja el ideal clásico de calma. Con esta obra, Policleto puso en práctica su famoso Canon de las siete cabezas, un conjunto de medidas que buscaba representar el cuerpo humano con proporciones perfectas y equilibradas.

El Doríforo pertenece al estilo clásico temprano, que procede del llamado Estilo Severo. Este se caracteriza por dejar atrás la sonrisa arcaica y por la búsqueda de un realismo idealizado. No representa a una persona real, sino un modelo el cual simboliza la perfección física y la virtud moral del ciudadano griego. Además de su valor artístico, la escultura también tenía una función educativa, ya que servía como ejemplo para los jóvenes y mostraba las proporciones ideales del cuerpo humano. Su influencia fue enorme en la escultura romana, que realizó muchas copias, y más tarde inspiró a artistas del Renacimiento y del Neoclasicismo, que la estudiaron como ejemplo de equilibrio y belleza. 

En definitiva, el Doríforo no es solo una escultura, sino un símbolo del pensamiento clásico, donde el arte, la filosofía y las matemáticas se unieron para crear un ideal humano que ha influido en la historia del arte hasta hoy. Este nos enseña que la belleza no es sólo apariencia, sino equilibrio y calma en cada uno de sus detalles. Al observar detenidamente al Doríforo, nos percatamos de por qué los griegos creían que el cuerpo reflejaba el alma.

                                                                                       Diego de la Torre, Isaac García y Artem Dorzhiev

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