Templo de Vesta

Hoy hablaremos de un templo de una de las más conocidas diosas de la época griega. 

Este es el maravilloso y erosionado Templo de Vesta, un templo romano dedicado a la diosa Vesta, como bien indica su nombre, o también conocida como Hestia por los griegos. Era la diosa virgen del fuego y del hogar y que se encuentra en Tivoli, Lazio, Italia. Data del siglo I y fue fuente de inspiración en la época neoclásica y tema de muchas obras pictóricas románticas. 

Su autor, Numa Pompilio, (siglos 753-674 a. C.), fue el segundo rey de Roma como sucesor de Rómulo. 


Las ruinas del templo de Vesta se encuentran en la acrópolis tiburtina a pocos metros del Templo de Sibila. Es una rotonda períptera de 14,5 metros de diámetro, que rodea la cella circular de una puerta y dos ventanas, elevada sobre un podio de ladrillo de 2,4 metros de altura. Incluía dieciocho columnas de orden corintio, de las que solo quedan diez debido al tiempo. 

Al ser un edificio de tipo tholos podemos decir que solo posee la naos en el centro de su forma circular, que es solamente protegido por columnas, y el entablamento, el cual es cónico, tiene una abertura para permitir la salida del humo, provocado por los rezos y purificaciones con fuego que se hacían en el interior. 


Lo interesante de este templo es que según Ovidio, su forma redonda con un hogar en medio es una representación simbólica de la Tierra, con su fuego central e inmóvil.​ Los historiadores modernos también hacen una comparación con un rito funerario muy antiguo observado en Roma, consistente en la recogida de las cenizas del difunto después de la cremación y colocarlas en una urna redonda en forma de cabaña que inhumaban. Pero por desgracia, no se puede sacar de estas similitudes simbólicas más información aparte de la antigüedad extrema de este culto y su carácter indígena.


En esta maravillosa pieza arquitectónica se protegía el fuego sagrado de la protectora de roma Vesta y además se guardaban reliquias antiguas como el Paladio (estatua de madera que representa a las diosas Minerva y Deméter).


Las personas que protegían ese fuego sagrado eran las Vírgenes Vestales. Estas vestales eran elegidas de entre las niñas de familias patricias (aristócratas romanos, en otras palabras) y debían cumplir un celibato estricto (mantenerse en estado de virginidad y soltería) durante su servicio de treinta años. 

La extinción del fuego se consideraba un mal augurio para Roma, lo que llevaba a severos castigos para las vestales que lo hicieran.


Así, el Templo de Vesta se mantiene como uno de los templos más importantes de la arquitectura latina y como una de las muchas edificaciones que merece la pena visitar al menos una vez en la vida. 



Victoria y Sergio

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